FÁBULAS DE DESENCANTO....
Fábula del desencanto I...

...........................Ella conoció hoy,
Al hombre de su vida.
El a ella,
Ni en el mundo la hacía.
Ella gritó su amor,
A dios y al viento.
El jamás escuchó,
Ni hizo el intento.
Ella le ofreció de beber,
Sed, él no sentía.
Ella le sonrió a él,
El se reía.
Ella era noche,
El era día.
Ella era ensueño,
El pesadilla.
Ella en su fuego se quemaba,
Y él, ni siquiera se tibiaba.
Ella una danza,
Para él bailaba.
El, ni siquiera la miraba.
Ella le dió su amor,
El su rechazo.
Ella lloró, imploró
Y él, ni caso.
Ella siguiendo al sol,
Marchó vencida…
El, solo se sintió,
Y fue a seguirla.
El al fin la encontró,
En el camino.
La llamó “Mi amor”,
Y le ofreció su destino.
Ella, de un modo extraño le miró…
Y siguiendo su camino,
Le contestó: “Ya no”.
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Fábula del desencanto II........

¿Por qué te entregas a mí si no te deseo?
¿Por qué corres hacia mí, si no te espero?
¿Por qué te aferras a mí, si no te puedo?
¿Por qué te acercas a mí, si yo me alejo?
Perdón, si alguna vez te dije que te amaba.
Si lo hice, aunque no lo sentí.
No fue porque necesitaba decirlo,
Si no, porque tú anhelabas, escucharlo de mí.
Cuando el amor es fingido y se advierte,
Preferimos pervertirnos con limosnas.
A enterarnos que perdimos.
Y vivimos de apariencias y comemos de las sobras.
El amor rogado, es dolor comprado.
Un retiro a tiempo, es honor salvado.
Cuando más fingimos, más nos obligamos.
Cuanto más cedemos, más nos humillamos.
Busca dentro de ti, a ver que encuentras.
Y deshaste de lo que ahí,
De mi haya huella.










universo-de-luz dijo
POEMA DEL DESENCANTO
Y comenzamos juntos un viaje hacia la aurora
como dos fugitivos de la misma condena.
Lo que ignoraba entonces no he de callarlo ahora:
No valías la pena.
Ya llegaba el otoño, y ardía el mediodía.
Sentí sed. Vi tu copa. Pensé que estaba llena,
pero acerqué mis labios y la encontré vacía.
No valías la pena.
Te di a guardar un sueño, pero tú lo perdiste,
o acaso abrí mis surcos en la llanura ajena.
Es triste, pero es cierto. Por ser tan cierto, es triste:
No valías la pena.
Fuiste el amor furtivo que va de lecho en lecho,
y el eslabón amable que es más que una cadena.
Pero hoy puedo decirte, sin rencor ni despecho:
No valías la pena.
Me alegré con tu risa; me apené con tu llanto,
sin pensar que eras mala ni creer que eras buena.
Te canté en mis canciones, y, a pesar de mi canto,
no valías la pena.
Me queda el desencanto del que enturbió una fuente,
o acaso el desaliento del que sembró en la arena.
Pero yo no te culpo. Te digo, simplemente:
No valías la pena.
Muuuuchos besotes
24 Octubre 2007 | 05:39 PM